Se estima que hasta ese departamento lleguen 4.000 personas que buscan viajar a Panamá, pero utilizan a Colombia como país de tránsito

A la frontera colombo-ecuatoriana están llegando cientos de ciudadanos de Haití que buscan huir de la crisis sociopolítica y económica que atraviesa uno de los países más pobres de América.

Se calcula que en las últimas horas han llegado más de 600 caribeños a Ipiales, Nariño, y han encontrado la manera de avanzar hasta Pasto, en un largo viaje hasta Medellín, primero, y luego al Urabá antioqueño, teniendo a Panamá como destino final.

Según la información suministrada por los mismos migrantes, se calcula que en camino vienen otros 4.000 haitianos, que llegan primero a Brasil, cruzan Perú, Bolivia, Ecuador y atraviesan las más de 46 trochas ilegales que tiene el paso fronterizo a Colombia

Por el tour pueden pagar hasta 300 dólares y se valen de los llamados coyotes para cruzar varias fronteras.

Sin embargo, una vez llegan a Colombia, y están ubicados en Pasto, por temas de documentación no pueden seguir avanzando. Los buses tienen prohibido llevarlos, por eso han dormido varios días en la terminal terrestre de transporte, situación que con el paso de los días se vuelve incontrolable.

El secretario de Gobierno de Nariño, Francisco Cerón, le dijo a SEMANA que el departamento se encuentra en emergencia por flujos migratorios mixto “debido al escenario internacional en Haití por la crisis institucional tras la muerte del presidente, que se suma al cierre de frontera con Panamá y la política migratoria del gobierno americano para los haitianos”.

Aunque Colombia inicialmente es un país de tránsito en los planes de los haitianos, la limitación que se tiene para avanzar se puede convertir en un verdadero problema. Autoridades temen que “la situación se puede complicar aún más por las ofertas de grupos al margen de la ley para reclutamiento de niños y jóvenes a pertenecer de estas bandas delincuenciales”.

Por esa razón, Cerón hace un llamado al Gobierno nacional para que se reúna con autoridades del gobierno panameño y así crear estrategias que logren un flujo migratorio seguro y ordenado para haitianos en Colombia y Panamá.

“Nariño no puede ir en contravía de las directrices nacionales y hoy hay restricciones de tránsito para estos migrantes en Colombia por no portar el salvoconducto de Migración Colombia”, precisó.

Para la gobernación de Nariño es necesario un pronunciamiento urgente de la Cancillería colombiana y que tengan en cuenta cuatro puntos en particular:

  1. Incrementar los controles del Ejército Nacional en pasos informales o trochas, para evitar el paso de migrantes por la frontera.
  2. Mantener los controles viales y judicialización de actores que promuevan el transporte ilegal de migrantes, por parte de Policía de Carreteras y Migración Colombia, en puntos cercanos a Ipiales.
  3. Ejercer controles viales en puntos perimetrales de Pasto, para evitar el ingreso de migrantes haitianos a la ciudad.
  4. Hacer control por parte de las autoridades de Policía para evitar la toma de sedes e instalaciones estratégicas para la ciudad y el departamento, para contrarrestar la presión de los traficantes de migrantes a través de los extranjeros, para que se les permita el tránsito hacia Antioquia.

Cabe recordar que en Necoclí, Antioquia, la situación es aún más compleja. Se espera que en cualquier momento estalle una bomba de tiempo con 15.000 migrantes africanos y haitianos que no han podido cruzar a Panamá.

Defensores de derechos humanos piden que se les entregue, como hasta hace dos años, un salvoconducto a los migrantes para que transiten sin problemas por el país; además, que los transporten a través del mar, pues las empresas de lanchas pueden terminar con investigaciones penales en la Fiscalía.

Se anunciaron para los próximos días algunas reuniones entre los gobiernos de Colombia y Panamá, una cita postergada durante varios periodos presidenciales, pues los habitantes del Urabá dicen que este problema empezó hace más de 15 años.

Entre los migrantes, se cuentan por cientos las historias de abuso y corrupción: funcionarios de fronteras que les quitan dinero, policías que los paran en el camino y tocan a las mujeres en sus genitales, les quitan el dinero para dejarlos pasar y llegar a la próxima ciudad.