La prestación de los retirados a la edad legal, que han entrado en aluvión en el sistema elevando la media de jubilación a los 64,7 años, es 450 euros menor a la de los de los que se marchan anticipadamente

El paulatino retraso de la edad de jubilación, que será de 67 años en 2027 para aquellos trabajadores que no hayan cotizado 38 años y medio y que se fijó en la reforma de las pensiones de 2011, comienza a dar sus frutos, aunque ha sido necesario que transcurra más de una década. Así y por primera vez en seis años, se ha producido una reducción de la cuantía media de las prestaciones de los nuevos jubilados, fundamentalmente por un aumento del número de altas y por la proporción cada vez mayor de los jubilados a la edad legal, 65 años o más, cuya pensión es 450 euros menor que la de los trabajadores que se retiran anticipadamente.

Los empleados que abandonan el mercado laboral antes de llegar a la edad ordinaria de jubilación presentan carreras más largas y generalmente bases de cotización más elevadas que los que se retiran con más de 65 años. No temen, en la mayoría de los casos, las penalizaciones previstas, porque su prestación será cuantiosa, y el recorte se compensará en buena medida durante el tiempo de retiro anticipado, en el que estarán cobrando la pensión. Mientras, los jubilados después de la edad ordinaria se retiran, muchos a los 67 años, porque no tienen más remedio y con carreras de cotización de 36 años de media -no llegan a los 37 y tres meses mínimos-, frente a los 42 que presentan los que dejan de trabajar con 63 ó 64 años.

Según la estadística de la Seguridad Social, la pensión media de los nuevos jubilados en junio fue de 1.340 euros, 70 euros menor que hace un año. Junto a esto, se registra un récord de altas de pensiones, más de 26.000 y 16.757 con 65 ó más años. Pese a todo, la nómina total de las pensiones de jubilación experimenta un importante incremento y llega a 7.322 millones, precisamente por el aumento del número de beneficiarios. La factura alcanza la cota máxima de toda la serie y un alza del 3,76% con respecto a junio del año pasado.

Incrementar progresivamente la edad media a la que se jubilan los trabajadores, lo que se traduce en un recorte del gasto en pensiones durante el tiempo de más que se mantienen activo y un incremento de sus cotizaciones para seguir pagan prestaciones, es uno de los principales objetivos de la reforma que ha puesto en marcha el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, con la vista puesta en el año 2050.

Para lograrlo, el Gobierno prevé nuevos coeficientes reductores para penalizar la jubilación anticipada y ‘premiar’ el retraso de los retiros. El ministro Escrivá ha señalado en numerosas ocasiones que una de sus metas con la reforma era acabar con los desiguales desincentivos que se venían aplicando hasta ahora, que eran reducidos para los trabajadores que cotizaban en las bases máximas, que eran precisamente los que tendían a jubilarse antes de los 65, conscientes que adelantar el retiro les resultaba rentable. Junto a esto, la pensión media de la nuevas altas se veía muy incrementada precisamente por esta circunstancia.

El ministro de Seguridad Social pretende poner fin a esa regresividad con su reforma  y reconoce que si la mayoría de los trabajadores retrasan unos meses su jubilación, se contribuiría a la sostenibilidad del sistema. Las penalizaciones diseñadas por el ministro están enfocadas fundamentalmente a los trabajadores que se jubilan a los 63 años recién cumplidos y durante los tres meses posteriores, pero a partir de ese momento el castigo baja de forma considerable. Esos meses aplazados reducirían de manera apreciable la factura de las pensiones.

Un total de 162.621 trabajadores decidieron poner fin a su vida laboral entre enero y junio de este año, una de las cifras más elevadas en este periodo durante los últimos 15 ejercicios y que ha superado incluso los registros que se produjeron antes de la pandemia del coronavirus, cuando en los primeros seis meses de 2019 los retiros no llegaron a 160.000. Con toda la población mayor de 80 años inmunizada -que frena las bajas en el sistema- y con el 98% de los que tienen 70 a 79 años con pauta completa y con nueve de cada diez con entre 60 y 69 años totalmente vacunados, junto al fin de las trabas burocráticas y los retrasos de la Administración por la Covid, la estadística que facilita periódicamente la Seguridad Social ha dado la vuelta.

El cansancio durante la pandemia de muchos trabajadores ha sido determinante en el incremento de nuevos pensionistas, pero también la necesidad de anticiparse de muchos ante el efecto que puede tener en sus prestaciones la reforma de las pensiones, ya en marcha, pero que ha dejado para más adelante las medidas más duras y que pueden suponer un recorte importante en las nóminas. Unidos a esto, el desembarco de los ‘baby boom’, que se empezaba a intuir antes de la pandemia, se ha hecho más evidente durante los últimos meses, en los que se han empezado a jubilar los que nacieron a final de los 60 y no han querido esperar a los 65 años