JOSEPH ESTÁ BUSCANDO SU LIDERAZGO ENTRE LOS HAITIANOS EN BASE A SU ATAQUE A LA PARTE DOMINICANA

Políticamente sabia y diplomáticamente correcta, la decisión del presidente Abinader de prohibir la entrada a la República del excanciller haitiano, Claude Joseph, es una advertencia y libera al país de eventuales acontecimientos que ese político pudiera urdir contra su gobierno.Lo único que falta, que podría hacerse mediante una medida administrativa, es suprimir la visa del antiguo canciller, aunque no así del grupo de doce líderes de bandas que causan el terror entre los ciudadanos en el vecino país, y que quizás no han visitado el país.

Joseph está buscando su liderazgo entre los haitianos en base a su ataque a la parte dominicana por lo que entiende que es racismo y malos tratos a los migrantes que cruzan la frontera a buscar trabajo en las construcciones y otros empleos y a estudiar.Nunca Joseph ha atacado a las bandas que andan armadas por todo el país y que tienen intimidado al gobierno del primer ministro Ariel Henry. Hay quienes creen que más bien algunas de esas bandas lo protegen y están de su lado en las denuncias de racismo dominicano.

Joseph no tiene partido político, pero cree que puede articular uno que tenga como base no solamente el antidominicanismo, sino también la condición de “redentor” de los pobres. Busca ser una conjunción de Dessalinnes, Petion y Christhope, quienes castigaron a RD.La declaratoria de persona non grata de Joseph quizás Abinader la pensó dilatadamente para no poner un ingrediente de mal humor en las relaciones de los dos países, aunque se sabe que el excanciller no es una figura que tenga relevancia; muchos haitianos lo ven con ojeriza

La reacción de los medios sociales y la opinión pública favoreció ampliamente la decisión de Abinader, quien había impulsado la construcción de un muro divisorio que pretende impedir el paso de los haitianos ilegales y proteger las reses y otros animales contra saqueadores.

Con el liderazgo político colapsado y las instituciones del país en agonía, el excanciller busca hacer su espacio y surgir, como lo hizo Jean Bertrand Aristide en 1990, capturando en una cuerda la inconformidad popular contra los remantes del duvalierismo y la oligarquía.